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Monasterio de Sopetrán

Monasterio de Sopetrán En la alcarria de Guadalajara, en las orillas del río Badiel, en un entorno de silencio y paz, recuperado de una milenaria historia de espiritualidad y de cultura acaba de renacer el Monasterio de Sopetrán.

El visitante de hoy quedará conmovido ante la paz que se respira en Sopetrán. Se cruza el río por breve puente desde la carretera que va de Guadalajara a Hita. Se deja a mano izquierda un antiguo molino, que fué propiedad de los monjes, y se llega ante la solana que precede por mediodía al monasterio.

Lo más consistente del edificio se conserva en sus alas de mediodía y levante. En esta, frente al río, aún se ve un portón de apuntado arco gótico. El resto es inexpresivo, a no ser por la belleza de la hiedra que cubre sus muros. Un torreón de mayor altura ocupa la esquina del suroeste. Pero los costados de poniente y norte están perdidos, o malamente reconstruidos. Y a través de ellos puede contemplarse la joya de este monasterio, que es el claustro.

Una auténtica joya del estilo renacentista aunque en su fase de anierismo desornamentado, herreriano y clasicistaEste patio central o gran claustro del monasterio de Sopetrán, conservado completo al menos en sus columnas y arcos, es una auténtica joya del estilo renacentista aunque en su fase de anierismo desornamentado, herreriano y clasicista, propio de los comienzos del siglo XVII. Se comenzó siendo abad fray Alonso Ortiz, y venía a sustituir al antiguo, gotizante, ya por entonces muy viejo. El que ahora vemos, sin cubierta y con las huellas en sus sillares de múltiples reformas y agresiones, es un espacio rectangular, alargado de sur a norte, con siete arcos en los costados más largos, y cinco en los más cortos, siguiéndose el orden toscano exclusivamente, y formado por pilares que sostienen anchos entablamentos, adosándose medias columnas en su parte exterior. La altura de la arquería del piso superior es la mitad del inferior, lo que le presta una proporción realmente extraña al claustro. Se hizo, costeado por los duques del Infantado, a imagen del que Juan de Herrera construyó en la casa madre de San Benito de Valladolid, y se sabe que duró su construcción al menos entre 1610 y 1648. En 1624 concretamente dirigía sus obras el maestro cantero Juan de la Sierra de Buega.

Al norte de este claustro, se conservan algunos restos mínimos de la que fuera gran iglesia monasterial. Debía ser de una sola nave, pues en el suelo se observan los arranques de los gruesos pilares de planta cuadrada con haces de tres columnillas en cada cara adosadas. En el ángulo nordeste del claustro aún sobreviven los muros y arranque de las bóvedas de lo que sería la sacristía de ese templo.

Ruinas actuales del monasterioLas joyas de arte que atesoró sopetrán fueron numerosas. El marqués de Santillana le regaló hacia 1450 una magnífica talla en madera de la Virgen, mandada traer de Flandes. Y encargó un retablo para la capilla de la Virgen cuyas tablas, (salvadas por el conde de Romanones que en los años veinte de este siglo las llevó al Museo del Prado, donde se conservan) ofrecen con el mejor estilo de la pintura flamenca de fines del siglo XV, una serie de escenas relativas a María, de las que resulta más interesante la que representa al marqués de Santillana, orante, en el interior de la iglesia de Sopetrán ante el retablo de la Virgen.

Maqueta del Monasterio de Sopetrán reconstruido según los monjes BenedictinosEn el siglo XVII, concretamente en 1639, se cambiaron los retablos, quitando los antiguos (posiblemente góticos de tradición flamenca) y poniendo unos nuevos que fueron encargados al pintor benedictino fray Juan Ricci, el cual realizó tres grandes retablos: en el mayor aparecía en gran lienzo la Asunción de María y otras escenas relacionadas con la vida de la Madre de Cristo; en un lateral puso escenas alusivas al martirio de San Pedro, y en el otro las relativas a Santa Catalina de Alejandría.

 

Esta es la bendición de los monjes benedictinos del monasterio de Sopetrán cuando cocinaban y bendecían la mesa en las instalaciones del restaurante del monasterian abierto al público en los años 90.

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