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Luisa Roldán, una escultora de la España de Carlos II

Dentro de la tercera sala del Museo Provincial de Guadalajara, en el palacio del Infantado, pueden verse dos esculturas en terracota policromada provenientes, según indica el Museo, de la iglesia de Santa María de Hita. Se atribuye fundadamente su autoría a una mujer llamada Luisa Roldán “ la Roldana” (Sevilla, 1652- Madrid, 1706), que se codea en los libros de Arte y en el aprecio de los críticos con los mejores escultores del barroco español, y que fue Escultora de Cámara de los reyes Carlos II y Felipe V.

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guadalajaramuseo primerospasosjesus Luisa Roldán, una escultora de la España de Carlos IIDentro de la tercera sala del Museo Provincial de Guadalajara, en el palacio del Infantado, pueden verse dos esculturas en terracota policromada provenientes, según indica el Museo, de la iglesia de Santa María de Hita. Se atribuye fundadamente su autoría a una mujer llamada Luisa Roldán “  la Roldana” (Sevilla, 1652- Madrid, 1706), que se codea en los libros de Arte y en el aprecio de los críticos con los mejores escultores del barroco español, y que fue Escultora de Cámara de los reyes Carlos II y Felipe V.

El museo considera estas pequeñas esculturas “ entre lo mejor que conserva” pues muestran la originalidad y personalidad de la autora. Sus detalles y expresiones nos hacen parecer que están en movimiento. Representan la Virgen Niña con sus padres San Joaquín y Santa Ana y Los primeros pasos de Jesús., esta para mi la mejor de las dos, siendo “pieza del mes” del museo en diciembre de 2004. Parece que, con los años, la atribución a la escultora de estas dos obras ha quedado asegurada. No son las únicas obras de este tipo de Luisa Roldán, pues hizo varias miniaturas en barro cocido representando grupos relacionados con la natividad. Quizá su mejor pieza sean Los Desposorios de Santa Catalina, que hizo en Madrid y ahora está en la Hispanic Society de Nueva York. Asimismo, se piensa que intervino en algunos nacimientos esculpidos en el taller de su padre. Para la profesora Concha Huidobro, de la Biblioteca Nacional, son “ un precedente de los belenes napolitanos del siglo XVIII”. Antonio Palomino (1653-1726), pintor y tratadista de pintura contemporáneo de Luisa, la tuvo en muy alta estima y su valía le fue reconocida en vida. Fue admitida como miembro de la Academia de San Lucas de Roma el mismo día de su muerte, única mujer y española. Como veremos, sus obras conocidas son todas de tema religioso.

El nombre completo de la artista era Luisa Ignacia Roldán Villavicencio y era la cuarta hija de Teresa de Jesús Ortega y Villavicencio y de Pedro Roldán (Sevilla, 1624-1699), cuyos esponsales fueron1642 y que tuvieron ocho hijos vivos. Fue bautizada el 8 de septiembre de 1652. Pedro fue un buen y reconocido escultor, aunque inferior a su hija, formado en Granada en el taller del escultor Juan de Mena. Se traslado en 1647 a Sevilla donde abrió su propio taller. Debido a los muchos encargos recibidos, tuvo bastantes empleados y aprendices, y la familia colaboró en el mismo. Allí trabajaron Luisa, dos hermanos escultores, una hermana pintora y doradora (Francisca) y otra (María) también escultora. Varias hermanas casaron con empleados del taller. Luisa se enamoró de un mediano escultor de su misma edad que trabajaba allí, Luis Antonio Navarro de los Arcos, pero no obtuvo el permiso paterno para casarse.

No se arredró su carácter y obtuvo un mandamiento judicial para poder abandonar el domicilio paterno el 17 de diciembre de 1671, declarar los novios por separado en Arzobispado y casarse ambos el 25, rompiendo toda relación con su padre y teniendo que buscarse el sustento económico con sus esculturas. Su marido se hizo cargo de su menor calidad como artista (quizá pro ello el padre se opusiera a la boda) y se dedicó a estofar y pintar las esculturas de barro de su esposa así como a llevar toda la labor burocrática y económica del taller de ésta, y tratar con los clientes: particulares, iglesias, cofradías o conventos. El matrimonio y sus hijos (tuvo seis de los que vivieron dos) subsistieron de los encargos que realizó Luisa, con bastante escasez y austeridad forzosa, y no siempre fueron felices. Luisa firmó y fechó muchas de sus obras. La investigadora Alba Ibero Constanzó dice de ella que fue una “ mujer de gran decisión que, a pesar de las dificultades, ejerció profesionalmente toda su vida”.

Sus obras más reconocidas están en Andalucía o Madrid. Hay bastante controversia, pero algunos autores atribuyen a Luisa Roldán la autoría de la famosa Esperanza Macarena de Sevilla. Luisa residió en Cádiz de 1686 a 1688 a donde fue para esculpir a los dos patronos de la localidad, San Servando y San Germán (1687), de más de un metro cada una y alojados en sendas capillas a los lados del ábside de la catedral gaditana. También hay allí un Ecce Homo (1684) muy logrado en la capilla de San Sebastián. Hay otro Jesús Nazareno suyo en la iglesia prioral del Puerto de Santa María (Cádiz), así como la atribución de la imagen de Nuestra Señora del Desconsuelo en la capilla de La Aurora. En el convento de San Pedro el Real de Cordoba hay otro Ecce Homo (1684) de bellísima encarnadura.

Reside en Madrid en febrero de 1689, cuando bautiza una hija. Solicitó en 1691 pero no se le dio, el oficio de escultora de cámara de la Reina (se adujo que “ nunca había existido ese título”) pero el 15 de octubre de 1692 fue nombrada escultora del Rey Carlos II, aunque con emolumentos desde el 21 de junio de 1695. En Madrid realizó obras de varios tamaños en barro y, alguna, en madera. En el monasterio de El Escorial puede admirarse su “ San Miguel con el diablo a sus pies” (1692) del que se cuenta que la artista uso su cara para la escultura del Arcángel y la de su marido para la cara del diablo. En Madrid también realizó una Virgen de la Leche (actualmente en la catedral de Santiago de Compostela) y una Santa Clara (actualmente en el convento de la Encarnación de Mula, Murcia). Es autora, entre otras obras, de una Virgen del Silencio (Jaén) y una Dolorosa (Jerez).

Por desgracia, los encargos no estaban bien pagados y, además, los pagos por parte del monarca se retrasaban en exceso, no recibiendo más que en contadas ocasiones la asignación de 100 ducados anuales que se le concediera en 1695. Luisa llegó a vivir en extrema pobreza. Como ejemplo de la situación, tras recibir el despacho del rey, el Condestable de Castilla le indica que le dará a Luisa el dinero asignado en cuanto le diga a que partida económica debe imputarse. Luisa escribe impactantes cartas de súplica a la reina Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II. Dice que “ por estar pobre y tener dos hijos (Francisco José Ignacio, 1681,y Rosa María Josefa, 1684) lo pasa con grandes estrecheces pues muchos días le falta para lo preciso para el sustento de cada día”. Incluso suplica que le concedan en 1693 una habitación vacía de la Casa del Tesoro para poder alojarse con su familia, o ropa para vestirse en 1697. Su marido logró en 1698 un puesto doméstico en el palacio, lo que ayudó a su maltrecha economía. Nunca pidió ayuda a su padre, pero parece ser que quiso y no pudo viajar a Sevilla a su entierro por su falta de dinero. Su biógrafa, la investigadora García Olloqui, indica que todo ello hizo que tuviera cambios ciclotímicos en su carácter, de la tranquilidad al nerviosismo, del optimismo a la tristeza.

Otra muestra del carácter decidido de Luisa fue que rápidamente presentó dos nuevas obras al recién llegado rey Felipe V, por lo que éste le renovó el oficio de escultora de cámara el 9 de octubre de 1701. Continuó trabajando en plena madurez artística hasta su muerte prematura. De su estilo se ha dicho que estaba “ caracterizado por la expresividad de los rostros, la gracia y la ternura en las composiciones y la soltura en la representación de pliegues en los ropajes”. Fue la mejor escultora del barroco.

Del mismo modo que los autores dan fechas dispares y dudan de su fecha de nacimiento, 1652, pasa igual con la de su fallecimiento. Muere el 10 de enero de 1706 en las casas de la madrileña calle del Gato propiedad de Juan de Dios de Silva y Haro y Mendoza (1672-1737), X duque del Infantado y protector suyo. Ese mismo año muere su madre y Madrid será ocupado por las tropas del Archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión. Su marido siguió al servicio de los duques del Infantado al menos hasta 1709, muriendo en 1711.

En cuanto a las bellas terracotas del Museo Provincial de Guadalajara, se realizaron en los años madrileños de Luisa, aproximadamente entre 1692 y 1704. Los duques eran patronos del monasterio de Sopetrán y señores de la vecina Hita. Probablemente, el duque las envió al monasterio de Sopetrán, de donde pasaron tras la Desamortización (1835) a la iglesia de Santa María de Hita. Menos probable parece que el propio rey Felipe V las donara tras sus victorias de 1710. Arrasada Hita en la Guerra Civil (1936-39), fueron llevadas después a la Diputación Provincial y de ahí al Museo en 1972. Fueron prestadas para la exposición dedicada a Luisa Roldán en Sevilla, en el verano de 2007.

En Castilla-La Mancha hay otras obras de Luisa Roldán, como una Virgen Dolorosa o el famoso Jesús Nazareno, ambas en el convento de las Nazarenas de Sisante (Cuenca). Sobre dicho Nazareno, se dice que iba a ser un regalo de Carlos II al Papa Inocencio XI pero probablemente lo fuera para el convento de San Diego de Alcalá de Henares pues el Papa había muerto. Fue realizada entre 1697 y 1701, y quedó en casa de la Luisa cuando su muerte. Intentó adquirirla el X duque del Infantado, pero acabo finalmente en 1711 en Sisante, siendo la venta firmada por Francisco, hijo de Luisa, y Nicolás, esposo de su hija María. Recordemos que   las mujeres no podían firmar documentos entonces.

Si desean más información, hay una breve biografía específica “ La Roldana”, por la persona que más conoce de ella, la profesora María Victoria Garcia Olloqui. Diputación Provincial de Sevilla (2003, 2ª edición), así como el Catálogo “ Roldana” de la Exposición celebrada en Sevilla en 2007.

Publicado en El Decano de Guadalajara el 28 de septiembre de 2008.

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