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Por unos dineros

a byne 153x200 Por unos dinerosEspaña atesoraba muchos objetos de arte. Hace no demasiados años sólo unos pocos sabían el verdadero valor de aquello que sus ojos contemplaban, valor que era perfectamente conocido por los marchantes de arte que al amparo de la escasa o nula legislación (y medios para hacerla cumplir) compraban, vendían y revendían el patrimonio de origen español que ahora se encuentra fuera de nuestras fronteras.

El comprador de objetos viejos, el anticuario itinerante, aprovechó la situación de ignorancia, de pobreza o de necesidad para comprar a bajo precio nuestro patrimonio y venderlo a coleccionistas, españoles y extranjeros. Por desgracia no sólo hubo tratantes extranjeros sino también españoles que se beneficiaron de este negocio. Colecciones de arte se hicieron y deshicieron y el arte español fluyó fuera de nuestro país. Algunas colecciones famosas malvendidas, en diferentes épocas, fueron las del duque de Osuna, el conde de las Almenas, el marqués de Salamanca, marqués de Valdeiglesias y marqués de las Marismas, junto a las de Benito Garriga o la de Enrique Traumann en Madrid.

Evidentemente es más fácil transportar, almacenar y exponer pinturas, además del valor social que tiene el poder ser mostradas por su dueño. Por ello han salido muchos más cuadros u objetos religiosos que iglesias completas.

Desgraciadamente, los precios que tratantes y museos extranjeros podían pagar eran siempre muy superiores a los que podía proporcionar un erario público de escasos fondos o, a veces, con escaso interés, aún en el caso de que el Estado supiera del caso y pudiera intentar comprar el objeto de arte codiciado. Pero no siempre había necesidad de pagar al vendedor altos precios, como en los casos de Ovila o Sacramenia, que luego veremos, o en en el de las tablas de Santa María la Real de Nájera, compradas por un anticuario madrileño en mil quinientas pesetas en 1866 (curiosamente le pagó al párroco el doble de lo que pedía) y revendidas en el extranjero.

No se pueden justificar muchos de los hechos pasados, aunque en algunos casos se pueden comprender. Recordemos al viejo cura protagonista de la novela de Pérez Reverte "La Piel del Tambor", malvendiendo el patrimonio de su iglesia para poder dar de comer o enterrar a sus feligreses en las montañas, o luego restaurar la iglesia de su nuevo destino en Sevilla. Hay que diferenciar entre el que vende por necesidad y el que compra o hace de intermediario por lucro.

Entre estos tratantes podemos citar algunos nombres, recogidos principalmente en el texto publicado por el profesor Merino de Cáceres en la revista Koiné y ampliados con los indicados por Francisco Fernández Pardo. En el siglo XIX sacaron material de España A. Berr, Frasinelli y el londinense Lionel Harris (padre de los también tratantes en España Thomas y Enriqureta Harris). Luego vendrían León Leví, P.W. French and Co., Charles of London, American Arts Association Inc., el parisino Maurice Colbert, Ferdinand Schultz, William Permain, Otto Ebner, M. Salomon (de Amsterdam), Grey Barnard y, por supuesto, Arthur Byne.

Los principales compradores extranjeros, aparte de los museos, eran millonarios americanos. Algunos de ellos, además de William Randolph Hearst, fueron George W. Van der Bilt, James Deering, Georges Blumenthal y Gabriel Dereppe. Un caso especial es el de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society en Nueva York. Huntington compró muchísimas piezas para el museo de esta Sociedad, el cual tiene actualmente tiene la mayor colección de arte español fuera de España.

Fueron históricos abastecedores españoles de compradores en el extranjero: Manuel Dorca Cáceres, Luis Ruiz, Raimundo Ruiz (madrileño, vendió unos capiteles de la Alhambra a Hearts), Antonio Ruiz, Enrique Torres, Nicolás Martín y M. D. Benzaria. En otro lugar están los comerciantes de arte y anticuarios que suministraban piezas a los anteriormente mencionados agentes españoles y, por supuesto, a los agentes extranjeros, que como Arthur Byne, estaban en España: Rafael Garrido (Madrid), A. Sánchez (Madrid), E.Torres (Madrid), Rafael Lafora (Madrid), Alfonso Gómez-castillo (Sevilla), J. Valenciano (Barcelona), Bonifacio Sáenz (Logroño) y Gil Giménez y J. Escribano (Segovia).

Vamos a relatar algunos casos notorios. El 14 de enero de 1914 sucedería un hecho escandaloso. Fue la venta al Kaiser Fiedrich Museum de Berlin de la "Adoración de los Magos" de Hugo van der Goes. Esta obra perteneció al monasterio de Monforte de Lemos (Lugo) y decoraba su altar mayor desde 1593, dónde la pusiera el cardenal Rodrigo de Castro con la condición de no poder venderse nunca. A través del conocido crítico Friedlander, el Museo firmó un compromiso de venta en 1910 por la entonces asombrosa cifra de 1.118.000 francos oro. Faltaba el permiso oficial para la venta. Ante el escándalo que se formó, la Asociación de Pintores y Escultores hizo una colecta fracasada para intentar igualar la oferta. Críticos como Francisco Alcántara escribieron y lucharon por evitar la venta. Pero otros autores se inclinaron ante la oferta, como el conocido dramaturgo Eduardo Marquina, quien escribió un artículo titulado "En defensa de unos millones" el 25 de agosto de 1910 que hoy nos sorprende pero entonces encontró apoyo por el alto valor pagado por el museo berlinés. Finalmente el Gobierno español presidido por el conde de Romanones autorizó la venta. El gobierno español no quiso complicar las relaciones con la poderosa Alemania imperial

Arthur Byne (1883-1935), era un estudioso norteamericano del arte español, hábil comerciante y autor de varios libros sobre arte español, como el excelente tratado que escribió en 1920 en colaboración con su mujer Mildred Stapley sobre "Techos decorados de madera en España". También he leído que la mayor parte del contenido de estos libros era debido a la pluma de su esposa. Byne usaba sus conocimientos para obtener beneficios revendiendo los objetos que reseñaba en sus libros a aquellos que los desearan. De hecho, gran cantidad de artesonados salieron de España gracias a los oficios de Byne. Creo que es justo y merecido el apelativo de "el saqueador" con el que se refiere a Byne el profesor Merino de Cáceres. Entre otros casos, gracias a Byne salió de España en 1922 la colección que el conde de Las Almenas tenía en su palacio del Canto del Pico (Torrelodones, Madrid), para ser expuesta en Nueva York, pero allí sería vendida y nunca volvería a España.

En 1925 compró para Hearst gran parte del monasterio de Sacramenia (Segovia). Por supuesto Byne exageraba los gastos y dificultades, que las había, para poder cobrar una cifra mucho mayor de Hearst. A veces usaba claves en su correspondencia con Hearst, asegurando que, aunque no había "problemas" para la "exportación", convenía mantener la discreción. Es curioso que Sacramenia fuera declarado Monumento Nacional en 1931, cuando su mayor parte ya estaba en los Estados Unidos.

Hearst pagó por el claustro, el refectorio y la sala capitular del monasterio de Sacramenia 40000 dólares, precio que incluía la comisión de Byne (no menos del 25%), lo cual no era demasiado dinero en la época, unas 280000 pesetas de entonces que equivaldrían a unos cuatro millones de 1986. El vendedor fue Eugenio Colorado y Laca, que tenía un octavo del monasterio por su matrimonio con una Gaitán, la cual compartía la propiedad con sus otros siete hermanos. Esta persona era miembro de la Comisión Provincial de Monumentos y, lógicamente, arruinó su prestigio por esta venta. Sin embargo, por las dimensiones de lo embalado y transportado, el coste total pagado por Hearst llegó a ascender a 500000 dólares. Tras diversos avatares, gran parte de lo expoliado en Sacramenia se encuentra reconstruido al norte de Miami Beach.

En el caso del monasterio cisterciense de Ovila, no está claro el precio que cobró Fernando Beloso Ruiz, director del Banco Español de Crédito en Madrid, quizá unas cincuenta mil pesetas. Se sabe que Hearst compró a Byne por 55000 dólares (unas 390000 pesetas de entonces) el monasterio, de ellos 1500 sólo por la portada. La venta incluía el refectorio, la Sala Capitular, el dormitorio de novicios, la cubierta de la galería norte del claustro y otros elementos de la iglesia. Aparte estaban los costes de desmontaje, embalado, transporte y montaje. Fue el precio lo que disuadió a Hearst de llevarse también la bodega.

Byne o Beloso, o quizá ambos, usaron la estratagema de inscribir a nombre del Estado en el Registro de la Propiedad a las ruinas del monasterio el 13 de diciembre de 1927. Al Estado se lo compró Beloso el 4 de febrero de 1928 por 3130 pesetas y al poco se lo vendió a Byne. Sorprende la rapidez de los trámites legales lo que indica que una mano debió acelerarlos. La fecha del trato no es segura, probablemente 1929 según indica Merino de Cáceres a partir de su estudio de las cartas de Byne y de todo el proceso. De todos modos, Hearst y su arquitecta Julia Morgan no supieron nada de Ovila hasta el 7 de diciembre de 1930 y Beloso no canceló la hipoteca que solicitara para comprar Ovila hasta el 6 de marzo de 1931. Al poco, Beloso murió el 24 de agosto de 1931.

El gobierno de la recién nacida República declaró Monumento Nacional a Ovila el 3 de junio de 1931, pero esto no paralizó las obras de desmantelamiento pues estaban ya acabadas, ni el gobierno hizo nada práctico por impedir su salida en barco. Parece que sólo hubo dos tímidos intentos de paralizar las obras de desmantelamiento. La situación política hace imposible que nadie controle lo que estos americanos estaban llevando a cabo con tanta prisa en esos días. Asimismo la Real Academia de Bellas Artes tampoco hizo nada.

Tanto en Sacramenia como en Ovila hubo algunas protestas y denuncias, pero Byne debía tener buenas amistades, pues no se interrumpió el Expolio en ninguno de los casos. Por cierto, Byne murió al chocar con un camión en Santa Cruz de Mudela, en 1935. Es sorprendente la reseña que apareció tras su muerte en ABC, dónde se le trata como un "insigne hispanista" y se lamentan por su pérdida. En su "doble vida" Byne proveyó de piezas de arte español a muchos millonarios y museos americanos, transgrediendo cuando le convenía la legislación española e incluso la americana.

Otro expolio famoso en 1926 fue el de los frescos románicos, joyas de la historia española, que había en la ermita de San Baudelio de Berlanga (Soria), que entonces era parte del obispado de Sigüenza. Los vecinos de Casillas vendieron los frescos al anticuario León Leví, quien actuaba en nombre del norteamericano Gabriel Dereppe. No vamos a referirnos a este hecho, al que intentó oponerse sin éxito el obispado, sino a que el 15 de junio de 1957 el Gobierno español canjeó seis de las pinturas de temas profanos que acababa de comprar el Metropolitan Museum de Nueva York por el ábside y el presbiterio de la iglesia románica de San Martín del pueblo segoviano de Fuentidueña. Y eso a pesar de que la iglesia era Monumento Nacional desde 1931. En febrero de 1958 salieron las piedras hacia el puerto de Valencia con el beneplácito de la Iglesia segoviana y del Gobierno.

No puedo valorar si el intercambio fue justo o desproporcionado, o si hubo algún interés político en aquellos años posteriores al Tratado de 1953, años de la independencia de Marruecos y del conflicto en Ifni en el mismo 1957. En todo caso es un extraño caso, del que no se encuentran muy satisfechos en Fuentidueña, claro, pues para ellos constituye un evidente expolio de su patrimonio. El principal promotor en España del intercambio fue el famoso profesor e historiador del arte Manuel Gómez Moreno, por lo que el hecho se hace aún más incomprensible. Curiosamente, y al poco de realizarse el mismo, Carmen Gómez Moreno, hija de don Manuel y también una eminente experta en arte, logró un puesto importante en el museo dónde fue transportado el ábside de Fuentidueña.

El edificio fue desmontado en 1958 por los arquitectos Anselmo Arenillas y, bien a su pesar, Alejandro Ferrant. Solo Torres Balbás voto en contra del intercambio en la Real Academia de la Historia, y en la de Bellas Artes de San Fernando votaron en contra seis académicos, entre ellos Menéndez Pidal y Esplá. En protesta también dimitió el Delegado Provincial de Bellas Artes de Segovia. Por cierto, Fuentidueña esta a 8 km de Sacramenia, el monasterio hermanado en la desdicha con el de Ovila.

San Martín quedó reconstruido en 1960 dentro de la importante sección "The Cloisters" del Metropolítan Museum, siendo inaugurado oficialmente en 1961. Se encuentra sobre la colina de Tyron Park, "exótico" edificio en la ciudad de los rascacielos, siendo afectado muy negativamente por la humedad de Nueva York, a pesar del cuidado que el museo tiene con el ábside, dónde por su sonoridad se realizan conciertos.

Aun así podemos contar de algún caso afortunado como el palacio de los duques de Medinaceli en Cogolludo, recomprado por el duque a Isabel García Martínez para evitar su traslado a Estados Unidos y que sufriera la suerte de Ovila. Mucho más tarde sería cedido al Estado. Otro caso es el de la portada del palacio del duque de Arcos en Marchena que, a punto de ser vendida por Byne a Hearst, fue comprada por trece mil pesetas por Alfonso XIII y ahora está en el Alcázar de Sevilla. Hay un duplicado en la mansión de California que fue propiedad de Hearst.

Los tratantes en arte se aprovechaban de la necesidad o inexperiencia del que vende. Hay un relato al respecto que cuenta Alejandro Fernández Pombo en un viejo libro editado en 1972 "Pueblos de Guadalajara y Soria", que incluye algunos textos que publicara en los diarios "Ya" y "Vida Nueva".

"Pero lo notable, lo realmente notable del museo de Pastrana son los cuatro tapices que relatan con tanta ingenuidad como precisión, con tanto detalle como realismo la conquista de la ciudad de Arcila. El rojo y el dorado predominan en estas inmensas superficies donde todo, hasta las facciones precisas de los caballeros que participan en la batalla, hasta los caracteres heráldicos de Alfonso V, de Portugal, y de sus caballeros. – Por sólo uno de estos tapices, los norteamericanos han ofrecido cinco millones de dólares... Cinco millones de dólares, 350 millones de pesetas... las cifras resuenan gigantescas en estas dependencias, casi vacías de la colegiata de Pastrana, en el silencio un poco triste del pueblo. Trescientos cincuenta millones de pesetas serían la base para montar una industria cooperativa que vendría muy bien a Pastrana. Pero...
– Hay gentes en Pastrana que no lo consentirían nunca, aunque tampoco vengan nunca a visitar el museo. Hay otros que no quieren porque temen que los millones desaparezcan lo mismo que el tapiz y no se solucione nada. Don Licinio, solícito, sigue enseñándonos el museo: lienzos de Carreño, un Greco, retablos de orfebrería, la regla de San Francisco en un relicario italiano... En los muros, casi como en un cinemascope-tecnicolor, los caballeros portugueses siguen incansables su asedio a la ciudad."

No podemos juzgar a los alcarreños protagonistas de este relato de 1972 con los criterios actuales. Es evidente que ni hubo ánimo de lucro ni mala intención, y sólo aparece el deseo de lograr una mejora para la localidad.

Los tapices mencionados son realmente seis y no cuatro, y están en el museo de la Colegiata de Pastrana. Son flamencos y representan escenas de la campaña militar que Alfonso V de Portugal hizo en 1471 en Africa. Cuatro se hicieron entre 1475-80 y dos entre 1490-1500. Llegaron a Pastrana en 1667 enviados por los duques desde el palacio del Infantado de Guadalajara, dónde no cabrían. No se sabe si realmente fueron donados al Gran Cardenal Mendoza por el monarca portugués o si fueron comprados tras la muerte de Felipe "el Hermoso" por el duque del Infantado. Por supuesto, para Portugal forman parte importante de su "patrimonio desaparecido", lógicamente.

La tradición verbal en Pastrana habla de otros tapices que ampliaban el conjunto, desaparecidos en la Guerra Civil tras ser enviados al Madrid republicano. Quizá algún día aparezcan adornando alguna dependencia oficial o un museo fuera de España, si no se destruyeron entonces.

Bibliografía

  • Juan Antonio Gaya Nuño "La Pintura Española fuera de España: Historia y Catálogo", Espasa-Calpe (1958).
  • Juan Antonio Gaya Nuño "La Arquitectura Española en sus Monumentos desaparecidos", Espasa-Calpe (1961).
  • Juan Antonio Gaya Nuño "Pintura Europea perdida por España: de Van Eyck a Tiépolo", Espasa-Calpe (1964).
  • José Miguel Merino de Cáceres "Ovila: El desdichado final de un monasterio alcarreño",Wad-al-Hayara 12 (1985) 167-211.
  • José Miguel Merino de Cáceres "En el Cincuentenario de la muerte de Arthur Byne" Academia, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 61 (1985) 147-210.
  • José Miguel Merino de Cáceres "Patrimonio Monumental Español Exiliado". Este texto está dividido en dos partes en los números 3 y 4 de la revista trimestral Koiné (Madrid, 1986).
  • José Miguel Merino de Cáceres "Peripecias del Arte", sección de la revista mensual "Descubrir el Arte" (2001 a 2003).
  • José Miguel Merino de Cáceres "El monasterio de Santa María de Sacramenia". Segovia (2003).
  • Las Tablas flamencas en la Ruta Jacobea", varios autores. Catálogo de la exposición patrocinada por la Fundación Santander-Central-Hispano, Madrid (1999). Destacaremos "Los Expolios en el Camino de Santiago", pag 196-209, apartado de un texto más amplio del que es autor Francisco Fernández Pardo.

José Luis García de Paz
Versión a 6 de octubre de 2003.

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