Turismo rural | Viajes invisibles

Molina y el nuevo siglo

De Molina a plena luz al Leader Plus

acfbb7 Molina y el nuevo sigloLa Tierra de Molina se benefició durante los últimos años del programa Leader l y II, financiado por la Unión Europea, Castilla-La Mancha y el Ministerio de Agricultura. Se invirtieron muchos cientos de millones, pero de forma dispersa e ineficaz, por lo que apenas se han creado nuevos empleos. Ni siquiera se pudo consolidar y mantener la granja de conejos "Señorío de Molina", que llegó atener casi un centenar de trabajadores y trabajadoras en una extraña fórmula de Sociedad Anónima Laboral, que ha resultado una estafa al no tener el control mayoritario de la sociedad. Las pasadas navidades fueron a la huelga porque se les adeudaba varias mensualidades y actualmente la empresa se encuentra en suspensión de pagos.

Una estafa jurídica, con numerosas subvenciones y créditos blandos que han caído en saco roto, por lo que cada vez es más difícil para los jóvenes, a pesar de todo trabajar y vivir aquí. ¿La solución alternativa? El turismo, gran invento, para cuando se jubilen todos los agricultores y ganaderos y/o cambie drásticamente las subvenciones de la PAC (Política Agrada Común). Con todos los defectos, que fueron muchos, el Leader l y ll han creado una red de establecimientos hosteleros y alojamientos rurales de los que se carecía en Molina de Aragón, Salinas, Escalera, Poved a, Peralejos, Checa, Tartanedo o Villel de Mesa, que pueden atraer a un turismo cultural y de la naturaleza. Pero ha sido el programa "Molina a plena luz" quien más ha ayudado a generar este flujo, con la revalorización "a través de un programa coherente y notablemente incentivador" del casco urbano de la capital del Señorío, que esperamos se extienda a un ámbito rural mucho mayor, tras la aprobación este año de la ley de creación del Parque Natural del Alto Tajo.

Molina es una pequeña ciudad europea por su historia y por su pasado,además de estas experiencias arriba comentadas. De su pasado medieval conserva un imponente castillo, un puente encorvado y una sencilla iglesia románica, levantada en época de los Lara, cuando los señores de Molina estaban emparentados con los condes, vizcondes y duques de Narbona y de Carcasonne. Una urbe gremial renacentista que comerciaba en lanas con Flandes, a través del consulado de Burgos y los puertos de Castilla. Una ciudad dieciochesca, de casonas y nobles palacios, hermanada con Sainte-Marie d'Oloron (en los Pirineos al sur de Francia) cuyos mercaderes aquí venían a comprar sus lanas finas y entrefinas. Una ciudad anclada en el pasado, que fue incendiada por los franceses en 1810 (y como tal en sus 2/3 partes moderna) romántica, en la que el liberal Van Halen sentó plaza para combatir a los carlistas. El magnífico legado de casi nueve siglos de historia se hallaba decrépito y muy degradado en 1966 cuando fue declarada conjunto histórico-artístico (uniéndose así a la anterior declaración de su castillo en 1931 como monumento histórico nacional). Coincidió en la declaración con otras muchas y viejas villas y ciudades, como Atienza, Sigüenza, Brihuega, Pastrana, y la declaración "con su grado de protección legal" no pasó de ahí. En 1966 Molina de Aragón todavía tenía cierta industria (sobre todo transformadora de madera), los pueblos aún estaban habitados, tenían población estable (aunque la mayoría ya había emigrado) y seguía ejerciendo su capitalidad, como centro comarcal núcleo de servicios y eje viario de la red de transportes y autobuses que la comunicaban con los pueblos.

Molina "era una frase muy oída entonces" tenía las virtudes de un pequeño núcleo urbano (Cine, Instituto, una atestada Escuela-Hogar, Residencia de Ancianos) y las ventajas de una villa rural. Treinta años después Molina ha crecido enormemente (en superficie), necesita un mayor caudal de agua (a pesar de carecer de industria), se ha tragado (devorado como Saturno a sus hijos) los minúsculos pueblos que giraban como planetas a su alrededor y se encuentra con que es capital (con 3.656 habitantes) de una comarca deshabitada. La calle de las Tiendas se trasladó al Paseo de los Adarves, el casco antiguo quedó vació sin gente y en 1990 una cuadrilla, cuatro personas inquietas: dos arquitectos, un arqueólogo y un maestro firmaron un manifiesto: "Molina delenda est" (Molina está muerta / muriendo). Un año después tenían luga las elecciones municipales y autonómicas, y por primera vez en su historia el Partido Socialista ganaba el gobierno local. En sintonía con el Gobierno autonómico ponían en funcionamiento un programa que empezó con carácter experimental en la ciudad de Toledo y Cuenca, se extendió a dos ciudades por provincia (Molina y Sigüenza en Guadalajara, ahora son muchas más) y que se bautizó con "a plena luz". Molina volvía a mirarse en su historia, pero esta vez para sacarla ala luz.

El barrio moro (la calle de abajo), el barrio judío (Castiljudíos), la calle de los Caballeros (la calle de arriba), la Plaza Mayor (que habían incendiado los franceses), la calle de las Tiendas (cuyos rótulos parecían, más que anuncios, esquelas) eran escuálidos ejemplos. Afortunadamente, merced a la iniciativa privada (subvencionada con apoyo público), se llegó a tiempo para conservar esta argamasa de casonas-palacio del siglo XVI y las casas de cuatro o cinco pisos del siglo XIX, con tan escasa longitud de fachada, que apenas dejan vislumbrar más que un balcón, para que duren unos siglos más, si lo permite la era sideral. El pasado 21 de noviembre representantes de doce comarcas de Aragón, Castilla-León y Castilla-La Mancha constituyeron en Molina de Aragón una Asociación para el Desarrollo Interregional del Espacio Celtiberia (que tendrá su sede en Daroca y del que se venía oyendo hablar desde principios de año. Con él se pretende acceder a la nueva iniciativa comunitaria Leader Plus, que ofrece mayores posibilidades de financiación y actuación para áreas más extensas, que las pequeñas comarcas del Leader I y II.

Posiblemente Molina de Aragón no sea la ciudad más bonita, ni su historia tan única y singular; pero ahora lavada su cara, restauradas sus piedras, maquillada tenuemente en sus ojos, con una prometida limpieza de su río, con la montaña (el Alto Tajo) a un paso, será más conocida de vista o en vídeo que de oído, más visitada como la ciudad lejana (la ciudad del frío para la meteorología), fronteriza (en esa perceptible frontera solo para los medievalistas entre Castilla y Aragón),inerme (sin armas, sin fuerzas), impertérrita, siempre anhelante, como una mujer casada, felizmente casada, siete o nueve siglos con su pasado, a la cual sin serlo uno se siente infiel escribiendo estas líneas, al descubrir que no eres hijo, sino nieto de ella y que tiene 2000 años de historia.

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