Matillas: Historia de un pueblo abandonado
El antiguo pueblo de Matillas está situado en la colina que domina la fértil y ancha llanura del valle del Henares, rodeada de huertos y campos de secano.
Matillas, abandonado y silencioso ahora, ha visto pasar la historia desde su elevación estratégica. Por sus tierras corrió la calzada romana (se han hallado mosaicos y restos de villas romanas) y se libraron batallas de la historia más o menos reciente de España. Casi toda la documentación que podría aportarnos la información necesaria se perdió en el incendio que, después de la Guerra Civil, se produjo en Villaseca de Henares, último municipio al que perteneció.
La villa de Matillas quedó incluida en la jurisdicción de Atienza tras la Reconquista de la provincia de Guadalajara, para pasar más tarde a la de Jadraque.
En 1580, perteneciendo al Reino de Castilla, Matillas era parte del término de Jadraque. Carecía de voto en Las Cortes y para celebraciones de Juntas de Consejo acudían a esta localidad, al igual que para debatir pleitos iban a la Cancillería de Valladolid. En este periodo de tiempo, el pueblo contaba con 12 o 13 vecinos. Cada año se nombraba un alcalde o Regidor. Guardaban los días de fiesta dedicados a San Sebastián, San Fabián, Sta. Quinteria, Sta. Agueda y La Magdalena.
Un pueblo abandonado
En el siglo XVIII concretamente entre los años 1701 y 1714- tuvo lugar la Guerra de Sucesión española. Durante este conflicto Matillas fue protagonista porque allí se libró una de las batallas más sangrientas de aquella campaña.
Entre los años 1833 y 1839 tuvo lugar la primera Guerra Carlista, producida a raíz del rechazo del testamento de Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII) en favor de Isabel II. Sus partidarios se alzaron en armas, logrando un gran arraigo en las zonas rurales. El General Gómez marcó la expedición de norte a sur de la Península Ibérica. A su paso por la provincia de Guadalajara la columna carlista se detuvo en los alrededores de Bujalaro, pero tuvo que emprender la retirada a Matillas por encontrarse con fuerzas enemigas. Esta villa era un punto muy ventajoso por situarse en un privilegiado altozano que dominaba todos los alrededores y permitía el avistamiento y control de posibles enemigos.
En 1845 la población de Matillas alcanzaba ya la cifra de 59 personas. Había 18 casas y la Consistorial, que servía también de escuela a la que concurrían 10 alumnos bajo la dirección de un maestro, a la vez sacristán y secretario del ayuntamiento. Dentro del pueblo se encontraba una fuente, un molino, una venta y un ventorrillo, y circundando todo, hermosas huertas que producían trigo, cebada, centeno, avena, garbanzos, frutas y buenos pastos.
El proceso de despoblación de Matillas se produjo a principios del siglo XX como consecuencia del desarrollo económico que empezaba a germinar. A poco más de un kilómetro, y aprovechando la confluencia de los ríos Dulce y Salado, se construyó la estación de ferrocarril, que tendría como objetivo fundamental facilitar el transporte de cementos para la fábrica que la empresa británica Portland construyó en 1904. En torno a ésta comenzará la edificación de viviendas y otros servicios para los obreros. Si bien la zona siempre se conoció como La Estación, su prosperidad y el consiguiente desplazamiento de población hicieron que la vieja y abandonada Matillas le cediera su nombre.
Apenas quedan hoy en día unas pocas casas en pie. Su iglesia parroquial, dedicada a Ntra. Sra. De la Blanca, de origen románico, se encuentra en ruina total, a pesar de que en su día apareció un comprador, a lo que la Iglesia se opuso.
El silencio te envuelve hoy en Matillas La Vieja. Y las vistas sobre La Estación y esta zona de La alcarria te asombrarán.
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