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Torija, vigilante del camino

torija3 Torija, vigilante del caminoDesde los tiempos romanos existió aquí una torre vigía para controlar el paso por esta difícil rampa, en lo que es hoy autovía de Aragón.

El nombre de este lugar procede de la palabra "turricula" que quiere decir torrecilla. La población está situada en el borde de la meseta alcarreña, justo en el lugar donde se inicia la caída hacia el valle, dominando un largo trecho del camino que a lo largo de los siglos, se ha mostrado fundamental en la comunicación entre Aragón y Castilla.

Tras la reconquista de estas tierras por el rey Alfonso VI en 1085, parece ser que la Orden del Temple tuvo la posesión de Torija. Al hacerla su sede y convento, amplió y mejoró la fortaleza levantada por los árabes pero, tras la supresión de los templarios, el castillo y la villa de Torija, pasaron a formar parte de diversos señoríos, de los Coronel, de los Guzmán, de la mitra toledana y finalmente de los Mendoza, con los que permaneció durante varios siglos. Don Iñigo, marqués de Santillana, dejó Torija en herencia a su hijo Lorenzo Suárez de Figueroa, a quien el rey Enrique IV dio los títulos nobiliarios de conde de Coruña y vizconde de Torija.

En la guerra de la Independencia, el castillo fue ocupado por el guerrillero Juan Martín El Empecinado quien, viéndose acosado por las tropas napoleónicas, huyó de Torija no sin antes dinamitar el castillo, para evitar su utilización por el enemigo. Aun estando en ruinas, fue declarado Monumento Nacional en 1931 y en los años 60 fue reconstruido por Bellas Artes, obra completada posteriormente por la Diputación Provincial de Guadalajara.

El castillo es de planta cuadrada con torreones esquineros circulares, salvo uno de ellos de planta cuadrada que es la gran torre del homenaje, el elemento que concede un carácter más peculiar a la fortaleza torijana. Es esta torre la única parte del castillo que conserva sus pisos primitivos y en donde se ha instalado un museo del Viaje a la alcarria con fotografías, recuerdos y ediciones de la famosa obra del escritor y Premio Nóbel Camilo José Cela. El castillo de Torija es uno de los exponentes más fieles de la arquitectura militar medieval de Castilla-La Mancha, que embellece el perfil del pueblo cuando el sorprendido viajero se dispone a subir a las llanuras de La Alcarria.

Durante la última guerra Civil, en el mes de marzo de 1937, Torija fue la base de partida de la reacción republicana contra el ataque italiano del Corpo Truppe Volontarie, el famoso CTV, con el que la Italia de Mussolini quería ayudar a la España de Franco. Las Brigadas Internacionales al mando del general Miaja, ocuparon la línea Torija-Brihuega y desde aquí atacaron a los italianos de la CTV, que no tuviern más remedio que retroceder, dejando en el campo multitud de muertos, heridos y prisioneros. La batalla de Guadalajara debería haberse llamado la batalla de La Alcarria.

La villa de Torija forma un importante conjunto de arquitectura popular. Su restaurada plaza definida por el castillo, el ayuntamiento y varias casas con soportales, crea un bello entorno y sirve de pórtico para entrar por las calles de Torija que conducen hasta su iglesia parroquial. Bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Asunción, la iglesia de Torija fue construida en el siglo XVI y ofrece un noble aspecto, tanto exteriormente como en su interior, realzado éste por el espléndido arco triunfal que abre paso al altar mayor. Durante la guerra Civil, fueron destruidos y quemados todos los retablos e imágenes y hasta los bancos y puertas del templo, que fue posteriormente utilizado como cine. Al ser recostruida la iglesia, se colocó en el altar mayor un retablo renacentista procedente de la iglesia de Santa María del Rey de Atienza. A ambos lados del presbiterio, se guardan los enterramientos de los vizcondes de Torija, don Alonso Suárez de Mendoza y su esposa doña Juana-Catalina Ximénez de Cisneros, sobrina del famoso cardenal. Al pie de las gradas existe otro enterramiento, el de don Bernardino de Mendoza, el gran embajador del rey Felipe II en la Corte de Inglaterra. De él acaba de escribirse una espléndida biografía de la que es autor Miguel Cabañas y que va a ser publicada por Aache Ediciones. Don Bernardino de Mendoza favoreció a esta iglesia, creo un cabildo y la elevó a la categoría de colegiata. En el ábside exterior de la iglesia se puede leer este soneto que el poeta José Mª Alonso Gamo dedicó a su pueblo natal:

Torija: aquellas plazas, aquellas calles
por las que va de paso mi constumbre.

Torija en que nací, piedra de alumbre
que mis sueños rodean por el talle.

Si el castillo es bajel sin gobernalle
y el pueblo de tan viejo, pesadumbre,

¡Cómo se transfiguran en la cumbre
cuando torno a mirarles desde el valle!

De la gran barbacana amurallada
queda poco vestigio y mucho olvido
de justas y torneos, vaga historia.

Ruinosa fortaleza abandonada
piedras de asedio, polvo combatido
¡Qué arraigados estais en mi memoria!





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