Santana, en Muduex
El pueblo de Muduex es uno de los que, a pesar de la escasez de medios y de habitantes (que no son tan pocos, vistos de cierta manera), mejor ha sabido conservar sus tradiciones y el peculiar modo de vida de las gentes del medio rural, de los hombre y mujeres de la alcarria.
Se ha llenado de gente joven, es verdad, pero de unos chicos y chicas que han sido capaces de continuar, año tras año, aquello que sus padres y abuelos les dejaron como herencia de incalculable valor: las tradiciones.
Año tras año, Muduex celebra sus fiestas de San Diego con toros y verbenas, tal y como venía siendo desde tiempos inmemoriables; año tras año se sigue plantando el mayo en la Plaza Mayor; y qué decir de la peculiar Cabalgata de Reyes que recorre cada 5 de enero los pueblos de Muduex, Miralrío y Valdearenas.
Pues también se conserva en Muduex la festividad de Santana, como allí se le llama. Antes, cada 26 de julio, los calceteros (que es como por aquí se les llama), dejaban sus hoces y aperos del campo para venerar a la santa. Ahora, se aparcan los tractores y las cosechadoras, por un par de días, pero con la misma ilusión que antes.
Y es aquí donde aparece la magia de la tradición. El día de Santa Ana, y sólo ese día, se puede ver la maravillosa talla de la Virgen María dando de mamar al Niño Jesús, única por su belleza y originalidad. El resto del año, la virgen se queda en una casa del pueblo, que va cambiando cada año. La casa donde se aloja la santa y el lugar donde se encuentra es sólo conocido por el párroco y, cómo no, por quien tiene el privilegio de contar con tan honroso inquilino.
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