Escondido entre las flexuras del terreno que va a dar en suave caida al río Henares, abrigado de inclemencias por bosquecillos y cerretes, su término es alegre, con algunas elevaciones ásperas, y abundancia de viñas, cereal, y huertas. Por este lugar pasaba la antigua vía romana y luego camino real durante muchos siglos, hacia Sigüenza y Aragón, por lo que todas las culturas dejaron su huella, y muchos advenimientos se reflejaron pronto en sus gentes.
Este pequeño lugar fue en lo antiguo, tras la reconquista, en el siglo XII, parte de la tierra de Atienza. Años después, en el siglo XV, pasó a formar parte del Común de Villa y Tierra de Jadraque (incluido en su sesma del Henares) en cuya jurisdicción permaneció muchos siglos. En 1434, el rey Juan II hizo donación de Bujalaro, junto con Jadraque y otros muchos pueblos comarcanos, a don Gómez Carrillo, su cortesano. El hijo de éste, Alfonso Carrillo de Acuña, malcambió todo este territorio por el pueblo de Maqueda al cardenal don Pedro González de Mendoza, quien se erigió en señor de Jadraque y su tierra, levantó el castillo llamado de El Cid y fundó un mayorazgo con todo ello, denominado como el Condado de El Cid, pasando a su muerte a poder de su hijo primogénito don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, marqués de Cenete, recayendo dos generaciones depués, por uniones matrimoniales, en el duque del Infantado, en cuyo poder siguió hasta el siglo XIX en que fueron abolidos los señoríos.
PATRIMONIO
La iglesia parroquial está dedicada a San Antón. Es un edificio de la primera mitad del siglo XVI. Al exterior, y en el muro norte, muestra la portada de ingreso, valioso ejemplar de estilo plateresco, obra de los artífices que en esos momentos trabajan en la catedral de Sigüenza. A uno de esos grandes artistas, como fueron Alonso de Covarrubias, Nicolás de Durango, Francisco de Baeza, etc., debe pertenecer la traza y talla de esta magnífica portada. Se conforma de un arco semicircular flanqueado de adosadas columnas que apoyan en moldurados pedestales, y que se recubren totalmente de decoración plateresca muy fina, rematando en capiteles compuestos, sosteniendo un arquitrabe con leyenda y ornamentación del estilo, coronándose a los extremos por sendos flameros, mientras en el centro se yergue, escoltada por roleos, una hornacina de idénticas características a la de la portada, cobijando bajo venera una talla apreciable, aunque ya muy desgastada por la erosión, de la Virgen María.
En la clave del arco de entrada se ve un escudo de las llagas de Cristo sostenido por ángeles, y en las enjutas de dicho arco aparecen San Pedro y San Pablo, con sus respectivos atributos. En el friso de la puerta aparece la siguiente leyenda: Ave Regina Cellor Ave Dna Angelor 1540, que desarrollada y traducida viene a decir: Salve Reina de los Cielos, Salve Señora de los Angeles, 1540. Sobre la hornacina de la Virgen hay otra frase de difícil lectura, por su desgaste. Y junto a ella, a su izquierda, hay empotrada en el muro una lápida de la época en que se lee, desarrollando las abreviaturas: Acabóse esta obra siendo cura el reverendo señor bachiller Suárez, Deán de Sigüenza y mayordomo Alonso Martínez Molinero. El interior del templo es de una sola nave, con presbiterio al fondo, algo elevado, al que se pasa por un gran arco de medio punto, algo irregular, apoyado en sendas pilastras con sencilla moldura y decorado con bolas. El altar es barroco, hecho en 1753, de tipo popular, conteniendo una talla de San Antón. El artesonado de esta iglesia es de madera, muy interesante, con labores mudéjares en toda su extensión, obra del siglo XVI. Es también interesante la fuente del pueblo, de buena piedra tallada, con figuras ya muy erosionadas. En su término existen los restos de un antiguo poblado que tenía por nombre Henarejos, y que poseyó entidad y una pequeña iglesia de los siglos medievales.
PERSONAJES
Natural de Bujalaro es Antonio Pérez Henares, periodista y novelista.

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