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Zorita de los Canes

zoritas Zorita de los CanesHISTORIA
La historia de este pueblo es, al mismo tiempo, la de su castillo. Es de suponer la existencia de población prehistórica en este lugar. Ciudad romana y luego visigoda (antiguo Racupel, y muy probablemente Recópolis), en similar estrategia orohidrográfica que zorita. En la época árabe la población se traslada a la villa actual, y el castillo se construye según antiguos cronistas árabes con las piedras traídas de la cercana ciudad de Racupel. La España musulmana vio como Zorita, lo mismo que la cercana Santaver, se erigían en centro de los rebeldes bereberes y otras facciones de acendrada pureza islámica frente a los califas cordobeses. En Zorita se sublevó Calib ben Hafsum en el siglo IX contra los poderosos Omeyas de Córdoba, y se mantuvo fuerte en su castillo muchos años. La reconquista de los castellanos ocurrió en 1085, cuando el rey Alfonso VI llegó con sus ejércitos a recuperar Atienza, Uceda, Guadalajara, Alcalá y Toledo. El capitán de la hueste cidiana, Alvar Fáñez de Minaya, quedó por alcaide de Zorita, y también de Santaver, y en ambos lugares tuvo que sufrir la invasión almorávide de finales del siglo XI, que dejó al castillo de Zorita casi por completo arruinado. Años después, Alfonso VII, que había repoblado este enclave con mozárabes aragoneses, entrega el lugar a la familia de los Castro, quienes en vez de guardarla para el poder real, se hacen sus dueños y ejercen un política de poder feudal que amenaza en muchos casos a la misma monarquía.

En 1169, el joven rey Alfonso VIII, apoyado por los Lara y los ejércitos concejiles de Alcalá, Guadalajara, Atienza, Toledo, Soria y Avila, más las fuertes ayudas de los caballeros calatravos, consiguió recuperar Zorita para la corona castellana. Al año siguiente la entregó el Rey a la naciente Orden Militar de Calatrava. Recibió la merced el maestre don Martín Pérez de Siones, quien se dedicó inmediatamente a fortificar el castillo, a ponerlo en uso completo, creando en él una Encomienda, y asentando un fuerte contingente de tropa, caballeros con su comendador, y varios frailes clérigos con su prior. Alfonso VIII y el maestre Pérez de Siones dieron a Zorita en 1180 un famoso Fuero propio, en el que se contemplaba un completo sistema de relaciones jurídicas entre sus habitantes (que eran tanto cristianos como árabes y judíos). El crecimiento de la población, la creación de gremios, lo próspero de sus comercios, la cantidad de impuestos recogidos en los puentes de la Orden, y el aumento de pueblos incluidos en el alfoz y Común de Zorita, llevaron a Fernando III en el siglo XIII a entregar un nuevo fuero que ya se mantuvo en vigor largos siglos.

Tras la batalla de Alarcos y la retirada de Calatrava y Salvatierra, la Orden calatraveña se refugió en el castillo y lugar de Zorita, donde quedó la sede del maestre y su plana mayor durante algunos años de fines del siglo XII. Tras la batalla de Las Navas de Tolosa, volvió la Orden a Calatrava, y quedó Zorita como Encomienda mayor. En las siguientes centurias, su importancia estratégica fue bajando de valor, aunque aún sirvió como lugar de encuentro de rencillas internas entre caballeros calatravos que pugnaban por hacerse con el maestrazgo y otro tipo de poder. La gran desgracia que dio la puntilla final al proceso paulatino de decadencia y despoblación que sufría Zorita, fue la gran riada del Tajo acaecida el 20 de enero de 1545, en que las aguas arrastraron y destruyeron por completo el puente que custodiaba la villa.

Zorita y su castillo fue vendida por Felipe II, en 1565, a don Ruy Gómez de Silva, su privado y hombre riquísimo a quien el monarca concedió enseguida el título de duque de Pastrana de donde también era señor. En 1572 fundó mayorazgo en el que incluía la villa de Zorita y su fortaleza. Pasó a su hijo don Rodrigo de Silva y Mendoza, y luego a sus descendientes duques de Pastrana, hasta que en 1732, los duques del Infantado, en quienes por sucesión había caído la casa pastranera, vendieron este enclave a don Juan Antonio Pérez de la Torre, antecesor de los condes de San Rafael. El título, honorífico, de Comendador de Zorita, siguió existiendo hasta el siglo XVIII.

Los Canes a los que se refiere el nombre del lugar eran los que usaban los Caballeros Calatravos en la guarda del castillo.

PATRIMONIO
Destaca en Zorita su fuerte castillo roquero. Actualmente muy deteriorado, se va a inicar pronto una actuación reconstructiva. Es construcción de los siglos XII y XIII fundamentalmente. Asienta sobre una lastra de piedra tobiza de unos diez metros de alta, aún flanqueada por tierras de derrumbe muy empinadas, y en la ladera de poniente está la villa y el Tajo, mientras que en la de levante cruza el poco profundo vallejo del arroyo Bodujo. Presenta dos entradas, hoy solamente una de ellas practicable. Es ésta la de poniente, o puerta del Hierro, a la que se llega por estrecho y empinado camino desde el pueblo. La puerta muestra un doble arco: uno de herradura y otro ojival, con hueco intermedio para el rastrillo. La otra puerta, hoy impracticable, estaba junto a la torre albarrana sobre el valle del Bodujo, consistente en alto portalón de doble arco apuntado, de sillar bien labrado, incluso con cenefa exterior de puntas de diamante, reforzada por cubo semicilíndrico y protegida de altísima torre cuadrangular.

Dentro de la altura del castillo puede verse su iglesia, de una sola nave, con ábside semicircular incluido en torreón cilíndrico. La bóveda es de cuarto de esfera, y la nave se cubre con bóveda de cañón reforzada por cuatro arcos fajones que apoyan en adosados capiteles de aire muy primitivo, quizás visigodos, traídos desde las ruinas de Recópolis. En el centro del presbiterio, se abre un hueco con escaleras que bajan a la cripta donde se veneraba antiguamente la imagen románica de la Virgen de la Soterraña. En el pueblo es destacable parte de la muralla que le circuía; el arco o puerta de entrada a la villa, también del siglo XIII, de robustos muros; la iglesia parroquial de origen románico, con espadaña triangular y ya muy reformada en siglos posteriores, sin nada de artístico en su interior; la calle mayor con algunos interesantes ejemplos de construcciones populares de tradición alcarreña. A la entrada del pueblo se ve la curiosa fuente intermitente, y el ya mencionado cubo o gran pilar de sillería para el puente que en la segunda mitad del siglo XVI se comenzó a hacer y nunca se llegó a terminar.

Ruinas de Recópolis En el paraje denominado Cerro de la Oliva (antiguamente Rocafrida), que se extiende a unos tres kilómetros al sur de Zorita, sobre la alta orilla izquierda del Tajo, se encuentran actualmente en proceso de meticulosa excavación arqueológioca las ruinas de una ciudad visigótica, que parece se puede identificar con la clásica Recópolis, que mandó erigir Leovigildo en la segunda mitad del siglo VI en honor de su hijo Recaredo. Hasta el momento se han encontrado algunas estructuras muy interesantes: la planta de una basílica visigoda, al parecer asentada sobre otra anterior hispanoromana; la planta de un gran palacio consistente en larga nave con pilares centrales y fuertes muros laterales, en la zona más cercana al talud que descarga sobre el Tajo; una necrópolis importante y las estructuras de la ciudad propiamente dicha. Cabré encontró en la basílica un interesantísimo conjunto de monedas visigodas de la época de Leovigildo (580 d. de C.), denominado ?el tesorillo de trientes de Recópolis? que actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Madrid.





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