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Historia del tren de Arganda

Este famoso tren, aunque madrileño de nacimiento, recorría 70 de los 148 km. de su trayecto por tierras de la Alcarria de Guadalajara. A pesar de su desaparición, en los pueblos por donde pasaba sigue vivo su recuerdo y es frecuente que aparezca en las historias que cuentan los mayores.

Por Vista Preliminar de Impresión

Este famoso tren, aunque madrileño de nacimiento, recorría 70 de los 148 km. de su trayecto por tierras de la alcarria de Guadalajara. A pesar de su desaparición, en los pueblos por donde pasaba sigue vivo su recuerdo y es frecuente que aparezca en las historias que cuentan los mayores.

En 1883 se concedió a Juan Carlos Morillo la licencia para la construcción de un ferrocarril que uniría Madrid con la población de Vaciamadrid y posteriormente con la de Arganda, con la finalidad de transportar a la capital los materiales de construcción que abundaban en estos lugares. La empresa se llamó "Compañía del Ferrocarril Madrid - Arganda", nombre que se cambió en 1892 por el de "Compañía del Ferrocarril del Tajuña", al tener en previsión el paso de la línea férrea por la vega de este río.

Tras varias ampliaciones por esta zona, el tren entra en la provincia de Guadalajara con las siguientes inauguraciones de tramos:

  • Orusco-Mondéjar 26-3-1916
  • Mondéjar-yebra 12-6-1916
  • Yebra-Sayatón/Bolarque 16-11-1916
  • Sayatón/Bolarque-Anguix 1917
  • Anguix-Auñón 29-9-1919
  • Auñón-Sacedón 16-4-1919
  • Sacedón-Alocén 27-12-1921

Aunque la compañía ferroviaria estaba preparando la infraestructura para llevar el tren a Cifuentes con la intención de llegar hasta Aragón (en 1919 se había cambiado el nombre nuevamente, ahora por el de Ferrocarril de Madrid-Aragón) la línea no llego a pasar de Alocén.

La velocidad de este tren era bastante baja, ya que no pasaba de los 50 km/h dándose las mejores condiciones, siendo lo normal que circulase a gran lentitud, circustancia que aprovechaban los viajeros para estirar las piernas por el campo mientras el tren marchaba o para echarse unas uvas a la boca al pasar junto a un majuelo; así se entiende el dicho: "el tren de Arganda, que pita más que anda". Cuando se pusieron en funcionamiento los nuevos automotores o "autovías", allá por 1935, el tiempo que se requería para hacer los trayectos se redujo a la mitad, gracias a que sólo paraban un minuto el las estaciones y a que no tenían que tirar de tanto peso, pues se trataba de una especie de autobuses de 40 plazas que iban por los raíles empujados por un motor diesel.

Desde 1937 y hasta el final de la guerra, sólo quedaría con servicio el trayecto entre la ribera del Tajuña y Alocén, zona más alejada del frente, establecido en el Jarama y muy cerca de la vía a lo largo de un gran trecho; incluso en el puente de hierro de este río se libraron fuertes combates y se intentó volarlo, aunque sin éxito.

Tras la guerra, el tren fue testigo e instrumento del tráfico de los productos del mercado negro. Los estraperlistas solían llevar la mercancía hasta Arganda o las afueras de Madrid, donde al llegar el tren a ciertos puntos, salía por las ventanillas una lluvia de paquetes que recogían los compinches o los clientes de los viajeros traficantes. Otros tiraban lo que iban a vender y después se arrojaban ellos del tren, lo que costó un disgusto a más de uno.
El hecho de que en Yebra hubiese que cambiar de tren, podría explicar la afición que tenían los vecinos de este pueblo por el estraperlo. Algunos escondían sacos de harina o de garbanzos en los bajos de los vagones, seguramente con la participación de los jefes de tren u otros trabajadores del ferrocarril.

En aquellos años de la posguerra, fue tomando auge el transporte por carretera, lo que unido a la construcción del pantano de Entrepeñas obliga a la compañía a cerrar tramos, como el que comunicaba Sacedón con Alocén, que quedó inundado por las aguas, y el de Sacedón-Auñón en 1946, por la poca rentabilidad económica que tenía. Entre 1942 y 1952 el tráfico de viajeros se redujo en un 90%, por lo que la "Compañía del Ferrocarril de Madrid-Aragón" decidió abandonar este servicio, siendo el último tren que llegó a Madrid uno que llevaba mozos para el servicio militar. Era el año en 1953.

La línea siguió funcionando un tiempo para el transporte de remolacha desde Orusco y en la actualidad, lo hace entre Vicálvaro y Arganda para el transporte de piedra caliza para la fábrica de cemento Portland.

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