La arquitectura del barro en la Alcarria
Existe una arquitectura popular en La alcarria que se pierde irremisiblemente sin que nadie parezca darse cuenta. Cuando surgen voces y libros que defienden y reivindican la bella arquitectura negra de las sierras septentrionales de la provincia, todavía estamos a la espera de un estudio sobre uno de los colores más característicos de nuestro muros y tapias: el barro.
En la provincia de Guadalajara se mantienen en pie muchas casas de tapial y adobe, con anchos muros y ventanas estrechas, con entramados de madera y pilares de ladrillo, verdaderos monumentos arquitectónicos, en los que se mezcla el saber constructivo popular, la integración con el paisaje, la estética y la ecología. Sin embargo hace ya muchos años que el adobe fue sustituido por los ladrillos y los bloques de cemento gris.
Es importante reivindicar estos edificios, que en breve estarán en grave peligro de extinción, como verdaderos museos de bioarquitectura, máxima expresión de una cultura mucho más sabia de lo que el abandono al que está expuesta pudiera sugerir.
El barro constituye una pieza fundamental en la arquitectura popular alcarreña, encontrándose en las campiñas y en las alcarrias. Su uso como elemento constructivo viene dado por diferentes factores:
El clima predominante en la zona, de calurosos veranos y fríos inviernos, que precisa de un fuerte material aislante térmico y acústico, que mantenga el calor en el invierno y la frescura en estío.
Los materiales propios del lugar y su tradicional manejo y elaboración. La tierra y el barro, ofrecido por la naturaleza y al alcance de la mano, que origina paisajes coherentes.
La herencia artística y el concepto estético de sus moradores, con el uso de esta arquitectura funcionalista, donde cada detalle es producto de una profunda tradición y experiencia.
El material es el barro crudo, usado en dos diferentes modalidades:
El adobe, masa de barro con cal y paja, que se mezcla en las riberas de los ríos, a veces con estiercol, y que tras modelarse en una adobera se deja secar al sol. Son los gruesos ladrillos de barro con los que se contruían las paredes de las casas y que junto con pilares de ladrillo o entramado de madera, constituye las paredes de la casa.
El tapial, que ya describía Covarrubias en su "Tesoro de la lengua", del año 1611 como "la pared que se hace de tierra aprisionada, que en algunas partes, por la calidad della y el modo de hacer las tapias, viene a ser no menos fuerte que si fuese de piedra y cal". Con tapial se construyeron los muros de las cercas y tapias que bordean corrales y huertas alcarreños. Estos muros, de no menos de 50 cm. de ancho, se forman a base de apelmazar tierra dentro de un aparato móvil que reproducimos abajo.
Muchas veces, como ocurre en las fotos que acompañan estas líneas se mezclan materiales constructivos, piedra abajo, para cimentar y aislar de la humedad, tapial en medio, como grandes bloques de tierra y adobes para tapar huecos y vanos.
Por ello es importante dar valor y prestigio a las construcciones de barro de Guadalajara, y recordar a los alcarreños el tesoro que son las viejas casas de pueblo que todavía habitan.
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